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Stephen Schloss nació en Hannover, Alemania, pero emigró de niño a los Estados Unidos en los años 30, evitando tanto él como su familia vivir el Holocausto. En EEUU se convertiría en matemático y acabaría trabajando, en los primeros años 60.

En el Programa Apolo de la NASA, siendo el hombre que ideó la trayectoria de los primeros cohetes a la Luna. Cuando nadie sabía cómo medir la posición de una nave que viaje por el espacio y no puede usar las estrellas como guía, él creó el sistema de tres bases que servían para triangular las evoluciones de Neil Armstrong y sus compañeros en el vacío.

Stephen Schloss, con más de 80 años a sus espaldas, ha sido uno de los científicos pioneros del siglo XX, a su manera, aunque nunca en primera línea. Conocido y reconocido dentro de sus campos, las comunicaciones y las matemáticas, y como un activo colaborador de causas en apoyo al pueblo judío, figura en pocos libros donde se recuerde su contribución decisiva a que el hombre pisase la Luna.

"Cuando nos llamaron, en 1962, el problema era que nadie sabía cómo diseñar un sistema de navegación para el vacío. No tenían ni idea de cómo medir la posición para saber si se estaban manteniendo en trayectoria, porque también la posición de las estrellas iba a ser diferente".
Así que un equipo liderado por él acabó diseñando el sistema de tres estaciones: una en Houston, otra en Camberra, Australia, y otra en España, en Madrid. Cada estación estaba situada dentro de un radio de 120 grados en la esfera terrestre "de manera que siempre una de ellas podía medir el ángulo de la nave respecto a la Tierra y corregir. Era la única manera. Los astronautas llevarían un sextante, pero lo importante pasaría aquí" y señala al suelo.

De hecho "los cohetes de corrección se controlaban desde las bases. El ordenador de abordo sólo tenía 170 kilobytes de potencia y era pedirle demasiado". Y blande su teléfono móvil para preguntarse "¿cuántos Apollos se podrían controlar con uno de estos ahora, eh?".

Lo que le sigue sorprendiendo hoy en día es "la cantidad de escépticos sobre el alunizaje. Hace años visité a unos familiares que vivían en otro estado a los que no veía desde hacía mucho tiempo. Me preguntaron en que había estado trabajando con la North American y se los expliqué, y me contestaron 'Ah, pero, ¿de verdad fuimos a la Luna?'. Me sigo llevando las manos a la cabeza. ¡Nos costó años de trabajo y nadie se lo cree! Falta mucha educación científica, en mi país y en todas partes".

Fuente: Con información de elmundo.es

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