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Los muros de Trump y Netanyahu no separan a México de Israel

Cuando muchos creyeron que tras la lección dejada por el Muro de Berlín nadie más quería ni alabar uno, un trino se encarga de exasperar más las ya existentes tensiones generadas por las decisiones de Donald Trump
Central de Noticias Diario Judío México en exclusiva para Diario Judío México – ¿En qué estaba pensando el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, cuando trinó el pasado fin de semana?: “El presidente Trump tiene razón. Yo construí un muro a lo largo de la frontera sur de Israel. Frenó toda la inmigración ilegal. Gran éxito. Gran idea”. ¿Quería congraciarse con el presidente de Estados Unidos para lograr más de lo que ya Trump ha anunciado hacer a favor de Israel?, como trasladar la Embajada de Washington a Jerusalén, ¿por ejemplo? O, ¿quiso salir Netanyahu de escudero de Trump, en medio del caos ocasionado por el veto de ingresos a ciudadanos de 7 países, en su mayoría musulmanes? Todas interrogantes que ni Netanhayu querrá responder.
Cualquiera que fuera su intención, Netanyahu generó más indignación que aplausos. “La Comunidad Judía de México se deslinda del mensaje del Primer Ministro de Israel Benjamín Netanyahu, sobre el muro fronterizo.
No coincidimos con él en este punto de vista y rechazamos contundentemente su postura”, escribió Moisés Romano, Presidente Comité Central de Comité Central Comunidad Judía de México, en un comunicado ofrecido a la prensa, concluyendo que “nos solidarizamos con nuestros conciudadanos que viven, trabajan y aportan en el país vecino (Estados Unidos), cuyos Derechos Humanos tienen que ser respetados en todo momento y quienes deben recibir un trato digno”.
Una vez causado el daño, Netanhayu negó haberse referido a México, mientras todo el mundo sabe que el “Muro de Trump” busca ser levantado justamente en la frontera sur de Estados Unidos, así por dicha línea limítrofe no haya entrado nunca ni uno solo de los terroristas que han cometido atentados en EE.UU.
Una “valla” es muro y muro divide a humanos
Israel, en efecto, construyó en 2014 una “valla de seguridad” en la frontera con Egipto a lo largo de más de 200 kilómetros, desde el sur de la Franja de Gaza hasta la ciudad israelí de Eilat. Pero Israel se enfrenta a un territorio ocupado que ni reconoce como Estado y las decisiones de Washington sobre México afectan a un Estado soberano.
“Su declaración”, escribe, por otra parte, el rabino Marcelo Rittner, copresidente de la Confraternidad Judeo-Cristiana de México a Netanhayu, “me resulta ajena a (los) principios judíos de hermandad y justicia, y por otro lado proyecta un desconocimiento de la situación. México no está en guerra con su vecino”.
Entretanto, el presidente israelí, Reuvén Rivlin, pidió a su colega mexicano, Enrique Peña Nieto, dejar atrás la crisis diplomática, disculpándose por lo que calificó de un mero “malentendido”. Tras ser convocado a una reunión en la Secretaría de Relaciones Exteriores el embajador de Israel en México, Jonathan Peled, aseguró que “ambos países tienen una larga historia de amistad y relaciones política, económica y cultural”.
Los judíos en América (el continente) tienen una historia más larga que el mismo nombre con que se bautizó el territorio descubierto por Colón, toda vez que llegaron en el primero de sus viajes, en calidad de conversos, perseguidos por los Reyes Católicos. Entre ellos, médicos e intérpretes de castellano, hebreo y árabe, este último un idioma que Colón suponía que se hablaría en las Indias por descubrir.
Gracias a la invitación de Maximiliano I de México llegaron muchos judíos germanoparlantes al México de la segunda mitad del siglo XIX, pero también rusos perseguidos en su país, así como sefarditas, peticionarios de asilo después de la caída del Imperio Otomano. También judíos sirios de Alepo hacen hoy parte de la multiculturalidad mexicana. México los acogió a todos. Incluso a aquellos que “huían de la persecución nazi y que cuando Estados Unidos les cerró las puertas, México se las abrió”, como recordó la escritora mexicana de origen judío Sabina Berman, con motivo del trino de marras.
El intercambio es sobrevivencia
Según datos de la Secretaría de Economía de México, el comercio total entre los dos países fue de 841,9 millones de dólares en 2015, con un marcado déficit comercial para México de 547,9 millones de dólares.
Pero México también es destinatario de grandes inversiones por parte de Israel como la de más de 2.000 millones de dólares que realizó la farmacéutica TEVA, la mayor productora de productos genéricos a nivel mundial, en México al adquirir Representaciones e Investigaciones Médicas (RIMSA).
Ambas naciones mantienen desde siempre vínculos culturales y sociales. Prueba de ello es la existencia de una representativa comunidad judía, que, según datos del Instituto mexicano de Estadísticas, cuenta con unas 67.500 personas. Después de Argentina y Brasil, México tiene la tercera mayor comunidad judía en América Latina, que se cifra hoy en medio millón de personas.
¿Para qué ofensas si lo que está en juego es la unión? No en vano el rabino Rittner concluye en su misiva personal a Netanyahu: “Soy orgullosamente judío y soy orgullosamente mexicano, un país que me acogió con mi familia y me dio la oportunidad de crecer y echar raíces y vivir en paz. Nos oponemos a la violencia migratoria, porque ambas historias como también la de Israel abrieron sus puertas a quienes buscaban un futuro para sus familias. Como fue el caso de la familia del actual presidente Trump”.
Fuente: DW
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